ESCUCHAR

¡Qué importante es escuchar y sobre todo saber escuchar! Yo siempre me he considerado un buen escuchante, más que un buen dialogante. O sea, en esa faceta de a dos que es el diálogo siempre hay uno sobre el que pesa más la conversación mientras que en el otro recae más la escucha. Yo siempre he sido esa segunda parte, aunque de un tiempo a esta parte y por muchos motivos familiares, de salud y un largo etcétera me he tenido que convertir, en contra de mi propia naturaleza como hombre, en la primera.

Pero no vengo a hablar de mí en este post, para eso habrá otras ocasiones. He decidido escribir sobre la escucha al terminar de mirar la película titulada 20000 especies de abejas, inspirado por el personaje de la tía que interpreta (magistralmente, y digna ganadora del Goya de este año) la actriz Ane Gabarain. Para mí es el personaje (tras Aitor/Coco/Lucía) más importante de la película y en ella se sintetiza el título de este post: La escucha. Ella misma lo dice, que ella no interfiere, no influye, tan solo escucha y esa escucha activa le lleva a entender lo que le sucede a Lucía. Un personaje, el de la tía, que nos reconcilia con la comprensión del ser humano, con la naturalidad de aceptar las cosas como vienen, sin histrionismos, sin paternalismos ni dramas, una condición, como personaje paciente, que infunde a la película la mayor credibilidad y sosiego para el que la mira. De diez.

En mi opinión la escucha está infravalorada en esta sociedad que vivimos de individualismo rampante. Yo soy yo y mis circunstancias y las cuento porque son lo más importante y me importa un pito lo que le suceda al de mi lado, parece ser lo que prima en las redes, sin comprender que escuchar lo que nos sucede (no oír, no, escuchar) es clave para entendernos y para comprender y asimilar nuestro entorno y las relaciones sociales. Escuchar nos parece una pérdida de tiempo.

Sin embargo,escuchando se aprende, se estimula el intelecto, se evitan conflictos, se empatiza, se encuentran soluciones que parecen a priori irresolubles y por supuesto se disfruta. Cuando escucho soy capaz de elaborar mejor mis propios parlamentos, de enriquecerlos y matizarlos y sobre todo de adaptarlos a mi dialogante pareja o a la muchedumbre que pueda estar escuchándome.

Escucharse a uno mismo, cada día, para saber lo que nos pasa, lo que anhelamos, independizándonos del condicionamiento de lo que nos rodea. Escuchar a nuestros afines, pero también a nuestros enemigos, en quienes, seguro, encontraremos algún punto útil para nuestra propia experiencia.

¿Escuchar en política?… Es quizá una entelequia… Quiero creer que no.

Escuchar sobre todo a nuestros mayores. Algunos de forma repetitiva, pero siempre con fundamento, con la base de la experiencia y la verdad.

¿Te has escuchado hoy? Otórgate un tiempo de reflexión, de análisis y escucha tu propio yo y tus alrededores. Te concederá paz, te dará el sosiego que buscas. Escucha, escucha siempre.

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