Reinventarse, sin ojeras.

Seguía en la misma situación. Continuaba en un valle de hastío, infértil y falta de locuacidad, desde hacía meses. Y no sabía por qué le sucedía tal cosa, cuando ella siempre había sido muy creativa. Pero ahí estaba, la nada. Tan solo su mirada frente al folio en blanco, su imaginación carente de ideas y su capacidad para escribir capada como si le hubiesen amputado la mano.

Muchas noches había meditado sobre su estado baldío y su capacidad mermada. Y muchas madrugadas se había obligado a luchar contra esa apatía, leyendo libros, escuchando noticias en la radio o simplemente, deteniéndose en el parque a ver pasar la vida de los otros. Pero ni siquiera con esa búsqueda había conseguido nuevas motivaciones y propuestas para volver a escribir.

Ya habían pasado seis meses desde que su actividad como escritora se había varado en el dique seco. Seis meses de sufrimiento y desasosiego en los que había luchado como una leona por salir de él, sin éxito. Seis meses de angustia y desolación que la habían llevado del éxito masivo con su anterior novela, que fue traducida a cinco idiomas y había reventado las listas de ventas a la falta total de inspiración.

Y sabía que, sin inspiración, aunque con oficio, no podía crear nada decente. Y entonces, ¿qué sucedería con su carrera literaria?

Se le había pasado por la cabeza contratar a otro escritor en la sombra, que pusiese la historia, y a la que ella pondría la fama de su nombre, hasta tal mezquindad había llegado a valorar para salir de ese pozo oscuro en el que se encontraba.

Otra alternativa había sido reescribir algún clásico de forma contemporánea y actualizada a las necesidades igualitarias, digitales y ecosostenibles del momento, pero también se había visto obligada a abandonar semejante idea. En el fondo ¿a quién le podría interesar una Doña Quijota, o un Batman que lucha por el medio ambiente? No. Definitivamente no.

Quizá dar un giro a su carrera y hacerse poeta… Absolutamente no.

Y ¿por qué no escribir profesionalmente para empresas? Al fin y al cabo, había una enorme demanda de profesionales para escribir contenido en redes sociales, blogs y plataformas multi pantalla. Quizás eso sí podría hacerlo ya que el contenido fundamental y base de sus escritos se lo proporcionaría la empresa para la que trabajase.

Y así fue como terminó donde se encontraba. Donde aterrizó tras todo ese periplo por la falta de ideas, por la desolación de la escritora no inspirada y por la depresión de la ausencia de imaginación.

Consiguió el puesto en Deliplus. Fue fácil. La competencia de sus rivales en la entrevista era de chiste: chicas jóvenes monísimas y arregladísimas que no habían leído un libro en su vida y que pasaban las horas entre selfies y comentarios superficiales. Cuando ella les argumentó cómo describiría en el prospecto el uso y disfrute de los parches para ojeras Deliplus, les convenció a la primera.

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