MISERY – una función perfecta

on la excusa de hacerle un regalo a la madre de mis hijos para celebrar el día de la madre, improvisamos un par de entradas para esta función a la que ya le habíamos echado el ojo hacía tiempo. La novela de Stephen King la habíamos leído allá por los primeros noventa y la película protagonizada por Katy Bates también la vimos en su momento, pero hacía ya tantos años que sentíamos curiosidad por ver cómo se adaptaba a una función teatral.

A Carmen Conesa, protagonista femenina de la obra la descubrí hace muchos años en una mítica serie que se pasaba por la 2 de TVE: Chicas de hoy en día, fresca y diferente que todavía hoy, décadas después, me despierta la sonrisa. Y a Marcial Álvarez también lo teníamos localizado de otras series.

Lo primero que destacamos y que nos llamó la atención es la atmósfera que se crea en el teatro. Con una escenografía en 3 ambientes, con voz narrativa y con un temporal de nieve en Colorado, se consigue la atmósfera perfecta. A los pocos minutos de comenzar uno ya siente que está ante grandes actores (sobre todo si compara con otras funciones a las que hemos asistido) que defienden una historia tremenda en la que la imaginación de un autor debe luchar con la cerrazón de la idolatría de una fan enloquecida. Carmen es contundente e histriónica a partes iguales desmenuzando un personaje al límite de la locura pero manteniendo una pátina de realismo que ata al espectador a la silla y le mantiene en tensión toda la obra. Marcial, por su parte, nos ofrece la imagen de la razón, de la cordura, intentando adaptarse a la situación que le ha tocado vivir para poder sobrevivir.

El tercer personaje en la obra, protagonizado por Alberto Vázquez, como sheriff del condado, da el contrapunto externo a esa atmósfera cerrada y enfermiza a la que el personaje de Carmen somete a su víctima.

Yo siempre digo que me gustan más las funciones teatrales en las que hay muchos actores, pero esta, con tan solo tres en escena, me ha entusiasmado. Hemos pasado casi dos horas en tensión, sufriendo por lo que le sucedía al escritor y temiendo lo peor en todo momento por su vida. El aliciente que teníamos, además, es que no nos acordábamos de cómo terminaba la historia.

Una función redonda, con una actuación actoral perfecta y una ambientación de diez. Fantástica experiencia, en el Teatro Flumen de Valencia.

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