LA TRUITA: una función redonda de la que se sale con el espíritu renovado

Ayer finalmente, y tras un intento fallido, pude asistir a una de las funciones de LA TRUITA, en el teatro Poliorama.

En plena celebración del 50 aniversario del festival GREC, de Barcelona, nada mejor que elegir una función teatral en catalán. Mi segunda experiencia en este idioma y estoy más que contento. Teatro a rebosar, pero no el único. Durante mi paseo hasta el teatro pude ver que otros, como el Teatre Goya y más, mostraban colas interminables de público para entrar. Lo mismo sucedió en el Poliorama, siendo un martes.

La premisa de la función parte de una reunión familiar para cenar con motivo del 65 cumpleaños del padre. Poco a poco van llegando las hijas (todas) y sus maridos y nietos, por parejas, cada una de las cuales se va introduciendo en la historia de la vida familiar, retratando su relación con la madre, obsesionada (según ellas) por el orden y la organización, y materializando los propios conflictos personales y dentro de su pareja, sus anhelos y recuerdos de adolescencia, cuando vivían en esa casa.

El primer yerno resulta ser un rico hijo de una propietaria de un castillo, habla por los codos, elige siempre las peores bromas, las suelta siempre cuando no vienen a cuento y alarga las anécdotas hasta lo extenuante. El segundo es el que peor cae a sus suegros, no es un “catalanet” de pro, como dice su mujer, es un soñador, artista, globalista y cooperante que no encaja con el aburguesamiento de la familia.

La tercera “yerna”, si puedo utilizar el palabro, es la pareja actual de Blanca, la famosa Blanca por la que su madre suspira porque hace un mes que no sabe nada de ella. Y parece, dentro de este maremágnum de personalidades, la más sensata.

Las dinámicas dentro de la cena son muy interesantes, van de lo individual a lo colectivo, reprochan, discuten, gritan, agradecen, ríen y hasta se ponen a cantar con el karaoke que ha llevado Juli, el yerno poco-burgués. Y ese canto interpela al público, que termina (terminamos) cantando por Sergio Dalma o Alaska y Dinarama.

La función te lleva del llanto, en los momentos de mayor introspección a la simpatía, pasando por el replanteamiento de tu propia vida, la comprensión cuando no se encaja en una situación y la carcajada desaforada. Y por momentos pausa el avance de la trama en burbujas reflexivas que te hablan tanto de los sentimientos individuales como de la cría de la Truita.

¿Cómo puede conseguir una misma historia todo eso? Muy sencillo, con un texto impecable que no evita la crítica a la extrema derecha, ni al aburguesamiento contemplativo de la clase alta ni por supuesto a las supuestas convenciones sociales.

Me pareció muy interesante observar la variedad de público en la platea, tanto jóvenes como personas de más edad, familias enteras, grupos de amigos, parejas, por supuesto y gente que individualmente venía, como yo, a disfrutar del GREC.

¡Qué buena experiencia me he llevado con la TRUITA! Nunca imaginé que un pez pudiera dar tanto de sí…

Deja una respuesta

close-alt close collapse comment ellipsis expand gallery heart lock menu next pinned previous reply search share star