
Los tiempos que nos toca vivir, en los que la sencillez y la concentración han dado paso al estrés, la multitarea, la inmediatez y lo instantáneo me tienen más que nunca sobrepasado.
Ya nos parece antinatural, a eso hemos llegado, concentrar nuestro esfuerzo y también nuestro disfrute en una sola tarea, por ejemplo, leer un libro, escuchar una canción, mirar una película, o leer una noticia de un periódico. Pero una unidad de cada una de esas cosas, ella sola.
Ahora los informativos en televisión (el telediario, para entendernos…) tienen multi pantallas ampliadas de realidad virtual, con rótulos que aparecen parpadeantes de forma simultánea al parlamento de su presentador y faldones con noticias que van de un lado a otro por la parte baja de la pantalla. Las películas en televisión se ven mientas se manipula el teléfono móvil y por supuesto la lectura se ve continuamente interrumpida por cualquier pantalla o medio electrónico que se preste.
Ya de escuchar un disco como una actividad placentera en sí misma, ni hablamos. O lo escuchamos mientras caminamos, cuando hacemos ejercicio, a la vez que otra tarea hogareña, solapando la lectura de un libro o con cualesquiera otras mil actividades al mismo tiempo.
El paradigma de lo que últimamente he presenciado se lo lleva mi hijo mayor (que anda ya por la veintena) que es capaz de (al mismo tiempo), jugar a la play, estar viendo una serie en inglés, hablando por el móvil con un grupo de colegas y tener abierta cualquier red social en el ipad. Cuatro cosas simultáneamente. Y, según él, se concentra y sigue las cuatro al mismo tiempo. También puede eliminar una de ellas y sustituirla por estudiar física o matemáticas, el tema que tenga entre manos.
Entonces me pregunto, ¿será que nuestro cerebro, el de los que nacimos en el siglo XX no estaba tan desarrollado como los de las generaciones Z y sucesivas? ¿O tal vez es que el concepto de disfrute y concentración ha cambiado? ¿Qué consideran los jóvenes del siglo XXI que es la calma, el silencio, la tranquilidad, la “slow culture” ese palabro que podríamos renombrar en español como la cultura de la tranquilidad…?
Muchas veces reflexiono con mi propio quehacer diario y en ocasiones me encuentro desconcentrado en dos o tres tareas a la vez, sin centrarme al 100% en ninguna de ellas y terminando con la cabeza mareada y dolorida.
¿De verdad necesitamos este nivel de aceleración para vivir bien? ¿No sería mejor aplicar lo del perfume, lo de que concentrado en pequeñas dosis es mejor? ¿Disfrutar y concentrarnos al máximo en algo e intensificar nuestra atención solo en ello?
Últimamente he comenzado a aplicar esta nueva religión que hoy suena retrógrada, por no decir revolucionaria. E intento no hacer nunca más lo que estoy haciendo por ejemplo ahora mientras escrito esta reflexión:
música + escritura
caminar + noticias de la radio
fútbol en televisión + Candy Crush
o mil otras combinaciones.
No. Basta ya. Solo caminar… disfrutar de un disco… leer en paz sin electrónica… charlar… el silencio. ¡Ay, cuánto necesito yo el silencio!
Fue muy sintomático cuando Pepa Bueno, presentadora de la segunda edición del telediario se quedó la friolera de “6” segundos en silencio, durante los cuales a todos nos pareció que algo se había fastidiado… y sin embargo era una demostración de que hasta la más sencilla pausa nos parece antinatural.
La revolución que nos falta por poner en marcha es esta, ni IA’s ni algoritmos, ni gaitas. La calma, la reflexión, el silencio y la vuelta a la normalidad de una vida con sentido común.

