
Siempre digo que para mí es una tarea leer poesía. Un magnífico escritor me dijo que él lo que hacía cada día por la mañana era dedicarse media hora de poesía y que era algo imprescindible para el intelecto y para el alma.
Intentando seguir su consejo busco descubrir poetas que me sorprendan, ya sea por su temática, por su forma de plantearla o por su propuesta creativa.
Y este mes de septiembre, gracias a mi amiga Adela, he podido descubrir a Moritz Fritz, un arqueólogo desaparecido cuyo rastro se perdió en 1925 en la Selva Negra. El poemario HUNGRÍA recoge el contenido de su cuaderno Delta.
Y, ¿por qué digo que HUNGRÍA ha sido una experiencia poética contemporánea? Por bastantes razones. La principal es que sus poemas se plantean desde la deconstrucción de la estructura. Son orgánicos, linean en ocasiones y en otras estructuran, arborean o incluso saltan. Utiliza la segunda persona del singular por momentos, la primera del plural otros. Algunos versos comienzan con la palabra no. Hay líneas de diálogo sueltas, aforismos, sentencias y suspiros.
Sería complejo para mí describir cuál es la temática de este poemario pero si tuviese que decir unas líneas, hablaría de la tristeza, de la nostalgia de la pareja y de la voz de nuestra conciencia.
Resalto tres versos que me han quedado grabados
No en el qué
La angustia habita en el descubrimiento del cómo
(Josephine Calvin)
Tenaz
en la línea del horizonte
tropezaba la utopía
—Hungría, ¿crees en el destino?
—Confío en el azar
