Hacía bastantes años que no leía una novela de Michael Crichton. Lo hice cuando era adolescente y me abdujo con las primeras publicaciones, que recuerdo haber comprado en Círculo de Lectores: Jurassic Parc, por su puesto, Esfera, La amenaza de Andrómeda, Congo y Rescate en el tiempo.
Ahora, muchos años (décadas en realidad) después, llegó a mi mano Punto crítico, una novela que nos habla de lo fácil que puede perder el prestigio una marca por un error o fallo en su trayectoria y sobre todo por el poder de los medios de comunicación que pueden contribuir al prestigio y también al hundimiento de la misma. En el momento en que se publicó, 1996, todavía no existían las redes sociales, y en aquel momento la presión y el enorme poder de influencia lo tenía sobre todo la televisión. Sería interesante trasponer la novela a 2026 y adaptar cómo debería reaccionar la compañía aérea cuyo avión ha sufrido un extraño incidente con la muerte de varias personas, ante la campaña que se montaría en X y en todas las redes sociales habidas y por haber.
El ritmo de la novela me ha llevado a finales de los ochenta, cuando leía compulsivamente novelas de intriga (thrillers) mezclada con una esencia científica, o de investigación y me ha tenido atrapado un par de días que es lo que me ha costado leerme esta fascinante novela sobre una compañía aérea y los entresijos y la complejidad de fabricación de un avión (yo que cojo más de 100 al año).
Como recordaba, Crichton mantiene un equilibrio perfecto entre el avance de las investigaciones, la aparición de novedades que permiten a los investigadores mantener su esperanza y la propia necesidad del lector de averiguar, por sí mismo (por mí mismo) lo que va a suceder y cuál va a ser la explicación.
Magníficamente ambientada, perfectamente descrito el ámbito de la producción de aviones, su estructura interna, sus controles, regulaciones y demás jerga técnica queda bien resuelta porque no parece impenetrable para el lector, sino que se comprende y enriquece la historia.
Debo reconocer que retomar autores que leía cuando tenía veinte años no es mala cosa, es algo que me gusta hacer de tanto en tanto y recordar lo bien que lo pasaba en las noches de lectura, y todos los veranos. Un pequeño placer nostálgico al que me he dejado llevar. La recomiendo. Os va a atrapar desde el comienzo.

