
Una vez más he disfrutado con una novela de John Grisham, al que llaman el maestro del thriller legal.
Será quizá porque el sistema judicial estadounidense es tan distinto al español, o porque también me gustan mucho las películas de juicios, o simplemente porque la lectura de una novela de este autor simplemente atrapa.
LA VIUDA nos plantea un caso en el que el abogado de esta es aparentemente el sospechoso. Sospechoso de querer aprovecharse de una supuesta anciana desvalida y forrada de millones, amasados con acciones de Coca Cola y Wallmart por su marido durante años. Sin hijos, ni familia de ningún tipo Eleanor Barnett se presenta en la consulta de Simon Latchk un modesto abogado de Virginia que lucha a diario por sacar adelante su bufete en un momento en el que se está separando de su mujer. Cuando la anciana le cuenta su caso verá en ella la posibilidad de salir de su situación con una suculenta cuenta que, aun a riesgo de parecer egoísta, podría solucionarle la vida.
Lo que no esperaba es que Eleanor muriese antes del 31 de diciembre, fecha en que cambiaría la ley de impuestos patrimoniales, algo que le señala como sospechoso al beneficiarse él como albacea del testamento de Eleanor.
Aunque la muerte de ella por un ataque al corazón, parece que no fue tan natural como lo parecía, y enseguida sucede una acusación por envenenamiento con talio, un producto casi indetectable que no deja rastro. Los hijastros de Eleanor aparecen en escena con un abogado que va a por todas acusando a Simon del asesinato.
Él sabe que es inocente, pero también que las pruebas circunstanciales están en su contra y que podría pasar el resto de su vida entre rejas. Para salvarse solamente le queda una opción: desenmascarar al verdadero asesino…
Una novela adictiva que se lee a borbotones y sin pausa, con un final sorprendente.
